Tiempo de espera

Estamos en tiempo de espera, buen momento para la reflexión y para la lectura de palabras bien estructuradas y llenas de sentido, como las de Beatriz Acosta, Superiora General de la Compañía de María, con motivo de la celebración del 400 aniversario de la Compañía de María:

«…Cuatrocientos años de historia son al mismo tiempo, para nosotras y nosotros, motivo de compromiso, una llamada a seguir construyendo juntos: A ser testigos del Dios hecho carne en nuestro mundo, a hacer posible el diálogo entre el evangelio y las distintas culturas. Nuestra sociedad plural y abierta nos desafía a dejar que resuenen las preguntas y a apostar por la búsqueda conjunta de las respuestas más adecuadas.

Que este tiempo de celebración sea para todas y todos un encuentro con nuestras raíces; un impulso para seguir respondiendo a los desafíos educativos que nuestro hoy nos presenta; una apuesta por hacer real la solidaridad, la justicia y la paz y un compromiso renovado por los jóvenes.»

«…como religiosas de la Compañía de María queremos seguir siendo esas mujeres de fe, mujeres de ojos abiertos, portadoras de sentido y esperanza. Queremos continuar orientando nuestros esfuerzos hacia la construcción de lo humano en todas sus dimensiones, comprometiéndonos en la transformación de las situaciones que impiden vivir con dignidad y gozar de los derechos y deberes fundamentales como personas y como pueblos. Seguir educando, y con preferencia a la juventud de hoy, es nuestro compromiso y apuesta de futuro»

Ojalá no sean sólo palabras.

Confiar y esperar.

Un colegio con futuro

Ésta es la «letrilla» que nos ha hecho llegar el abuelo de Irene Rodríguez Carabias.

Hoy mi «letrilla» comienza
con la sola pretensión
de que reine la cordura
en difícil situación.

Colegio de la Enseñanza,
Compañía de María,
que la prensa cotidiana
la noticia difundía:
que en corto espacio de tiempo
el colegio cerraría.

Comentarios han surgido
e incluso se ha publicado,
que del solar del colegio
hay un plano proyectado.

El futuro del Colegio
no parece verse claro,
y todo el profesorado
a padres han convocado
buscando coordinación,
la cual, firme han encontrado.

Se han hecho concentraciones
en las que, en el pavimento,
se han oído las pisadas
en absoluto silencio.

Un silencio que, con velas,
ha querido iluminar
ese preciado colegio
el cual pretender cerrar.

Treinta lustros impartiendo
la enseñanza como emblema,
son muchas generaciones
las que han disfrutado de ella.

Esas antiguas alumnas
que a sus nietos aún recogen,
al percibir la noticia
la pena les sobrecoge.

Por eso, a quien corresponda
escuche esos clamores
que provienen de los padres,
de todo el alumnado
y claustro de profesores.

Tribuna libre: Confianza

Pilar Serna Mier nos ha hecho llegar al correo electrónico la siguiente carta. ¿La leemos todos juntos?

Hola a todos y a todas.

Hace ya varias semanas que hemos iniciado un camino que todavía no sabemos a ciencia cierta hasta dónde nos va a llevar, pero lo que en estos momentos siento es la necesidad de compartir con todos vosotros y vosotras mi percepción del asunto.

Para empezar deciros que no sé si escribo esto como madre afectada, como antigua alumna del colegio Compañía de María, como miembro de la Coordinadora de afectados o como pedagoga que ejerce su profesión docente en un instituto de forma comprometida y responsable.

En cualquier caso, soy todo esto y desde estos puntos de vista me voy a expresar.

Considero que la noticia del cierre de mi colegio y el colegio de mis hijos fue un auténtico mazazo para todos, ya que no tuvimos noticias ni siquiera avisos de lo que se venía fraguando tras los muros del colegio, pero en estos momentos creo que todos hemos digerido ya la situación y hemos sido capaces de reaccionar y organizarnos para poder buscar soluciones, y esto es lo más importante.

Tengo absoluta seguridad en que la dirección que hemos tomado en cada uno de los grupos de trabajo en que se desglosa la Coordinadora es la correcta y estoy convencida de que los resultados no se van a hacer esperar. Pero que nadie piense que esto es fruto de una fe ciega en algo etéreo, que no tiene una base certera… no es así. Estoy asegurando que existen evidencias lo suficientemente contrastadas para poder seguir creyendo en que el colegio Compañía de María no va a cesar su labor educativa y podrá continuar con un proyecto compartido por toda la Comunidad Educativa que ofrezca garantías de futuro.

Es necesario que TODA la Comunidad Educativa estemos unidos y coordinados para conseguir el único objetivo que nos mueve a hacer todo esto, que es que podamos tener nuestro colegio como mínimo 400 años más.

Somos muy afortunados porque tanto profesores, como padres y alumn@s hemos sido capaces de transmitir a la sociedad cántabra e incluso más allá de nuestra Comunidad que el colegio Compañía de María no se va a rendir y tenemos las herramientas y los recursos necesarios para conseguirlo.

Sólo voy a añadir que de mi niñez y pre-adolescencia vivida en este colegio guardo muchas cosas, pero en concreto hay un recuerdo muy poderoso que ahora veo como algo real reflejado en mi hijo y es el de la fuerza que nos da el sentirnos un grupo unido que comparte sentimientos, vivencias, etc… y esto es lo que nos está dotando de la perseverancia necesaria para lograr el éxito final.

Que no decaiga este espíritu y esta resolución.

Hago un llamamiento desde aquí a ésta, nuestra Comunidad Educativa, para seguir cosechando logros que finalmente se materializarán en un proyecto educativo aún mejor, si cabe.

Espero que mis hijos y los vuestros puedan seguir compartiendo bocata, patio, risas, bromas y alguna que otra pirueta gimnástica… y sobre todo mucho, mucho afecto por parte de los que contribuyen a que su día a día sea más agradable.

Espero también, que los padres, nosotr@s, sigamos siendo una piña y constituyamos un referente educativo para Cantabria, por protagonizar ésta y otras experiencias tan enriquecedoras para nosotr@s como para nuestros hij@s. Porque la colaboración en la educación de nuestros hij@s que hemos tenido la oportunidad de practicar desde el colegio es algo único y valioso que no podemos permitirnos el lujo de perder.

Sólo a través de esta unidad seremos capaces de convertir lo que parecía imposible en algo cierto y real.

Por último a los profesores de mis hij@s, que antes lo fueron míos también, quiero expresarles mi admiración, respeto y apoyo, no sin altas dosis de cariño y emoción. Sin vosotr@s yo no sería lo que soy, probablemente y con vosotr@s lo vamos a conseguir.

Para todos vosotr@s.

Alejar el zoom: El cierre de «La Enseñanza» no es sólo un problema nuestro

Mar Martínez, madre de dos alumnos y antigua alumna del Colegio Compañía de María de Valladolid, nos ha hecho llegar la siguiente reflexión que queremos compartir con todos vosotros.

Desde que salió a la luz la noticia del cierre del colegio “La Enseñanza”, ante la decisión de la Compañía de María de abandonar la labor educativa en la ciudad de Santander, todos los análisis se han dirigido al problema que se plantea a 500 alumnos con sus respectivos padres, 30 profesores y el personal no docente. Hemos recibido apoyos a “nuestro problema” desde muy diversos sectores tanto públicos como privados. Hasta ahora el análisis se ha realizado centrado en la parcela de Vía Cornelia 2 y en los miembros de esta comunidad.

Bien, pues yo creo que ya ha llegado el momento de alejar el zoom para darnos cuenta de que estamos hablando de un problema de la ciudad, un problema del centro de Santander. Quiero decir que ha llegado el momento de que los vecinos de la zona no firmen nuestros escritos apoyando “nuestra lucha”, me parece que deberían comprender que esa lucha también es suya, que estamos hablando de algo que, en caso de ocurrir, va a cambiar la realidad de esta zona de nuestra ciudad.

Leemos en los periódicos que el equipo de Gobierno del Ayuntamiento ha presentado “su modelo” de ciudad al presentar el avance del Plan General y yo me pregunto si realmente han pensado en el modelo de ciudad que se plantea con la ficha de area específica nº 28. Los objetivos de esta revisión se señalan en la mejora de las condiciones urbanas del entorno de Vía Cornelia y de las condiciones de servicio del Colegio Compañía de María. Ambos objetivos son plausibles, la mejora de las condiciones de servicio del colegio (mejora truncada ante el abocamiento al cierre) y la mejora de las condiciones urbanas del entorno de Vía Cornelia por todos los vecinos de la zona.

Se plantea en la exposición de antecedentes el aumentar las dotaciones, espacios libres y aparcamiento, y aquí me gustaría apuntar unas cuantas reflexiones.

  • La necesidad de aparcamiento es indiscutible, máxime cuando se está trabajando en una ciudad para el peatón y eso hace que se amplíen las aceras renunciando a algunas plazas de aparcamiento de las pocas ya existentes, la duda que se me plantea es ¿qué peatón? Si ahora el mayor número de peatones son los niños y sus padres que se dirigen al colegio. ¿Es necesario suprimir el colegio?
  • Un colegio es una fórmula innegable de conservar espacios libres al ser estos dedicados a patios de juego. Si bien no son públicos son utilizados por un elevado número de ciudadanos. Los espacios públicos se plantean como lugares de encuentro y de intercambio ¿hay otra definición mejor para los patios del colegio?
  • La propuesta no aumenta las dotaciones pues un colegio es una dotación educativa que se perdería a favor de una dotación administrativa ¿son realmente más necesarias las oficinas que el colegio?

Y ahora vuelvo a acercar el zoom y hago un análisis de la parcela y pienso “son 14000 m2” , ¿no podría plantearse una mejora de las conexiones de la calles adyacentes, la construcción de aparcamientos e incluso de viviendas y mantener el colegio? Y mi respuesta es que sí . Es preciso voluntad y reflexión seria por parte de todos los implicados y es eso lo que me gustaría pedir a través de estas líneas.

Creo que, lo que hasta ahora se ha visto como “nuestro problema”, plantea una buena oportunidad a la ciudad y a sus políticos de, realmente y con seriedad, mejorar esta zona de la ciudad y creo que es posible aunar todos los interés en pos de una mejor solución “sostenible”.

En mi opinión, fundamentada en las reflexiones arriba señaladas y otras muchas, suprimir el colegio de la parcela es un tremendo error. No podemos olvidar que en el interior de las ciudades anida la vida misma; y la calle Cervantes, Vía Cornelia y todas las del entorno, una de ellas lleva el nombre del colegio, respiran niños con mochilas que cada mañana, al mediodía y por la tarde pasan por ellas al dirigirse al colegio; esos olores están en la memoria histórica y en la memoria de la ciudad. Así que no sigamos pensando que el cierre del Colegio de la Enseñanza es un problema sólo de unos pocos, aunque seamos más de 500 familias, es un problema de la ciudad.

Foto de Madariaga para Alerta 

Tribuna libre: Del mensaje y la realidad del contenido

José Luis Bolado García, nuestro querido Chelis, expresidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del colegio, nos ha hecho llegar la siguiente carta.

Un día cualquiera en el devenir cotidiano de Cantabria, tras los cristales de mi despacho, al ver caer la lluvia con insistencia, llego al convencimiento. La comunicación oral, incluso la que se plasma, “negro sobre blanco”, no deja de ser algo subjetivo, abocado a la interpretación, en ocasiones, incluso, hay que hacer verdaderos esfuerzos para conocer el fondo, el núcleo de la intención del mensaje, en definitiva para entender lo que se nos quiere hacer creer. Aún hablando el mismo idioma, ¡que difícil es entenderse!, o a al menos entender, en toda su plenitud, lo que se nos quiere transmitir.

Porque en la gran mayoría de las ocasiones, las palabras tienen dobleces, algo que no se espera de las personas, a las que casi siempre se juzga por su apariencia, por su integridad, por su comunicación desde la, presumible, veracidad de formar parte de un proyecto global en el que puedes sentirte atraído y estar de acuerdo en sus planteamientos.

Un día cualquiera en el devenir cotidiano de Cantabria, te tropiezas con la noticia de que una Congregación Religiosa, que a lo largo de 155 años ha desarrollado su labor educativa en nuestra localidad pretende, casi con alevosía y nocturnidad, dar “cerrojazo” a un Colegio en el centro de la Ciudad.

En principio intento sopesar la información, ¿habré entendido bien?, ¿seguro que han dicho, Colegio, o quizás, se refieran a una fabrica de alguna multinacional que, ante la posibilidad de producir a un coste inferior y lograr mayores beneficios, se traslada a África, a algún país del Este o a Hispanoamérica?.

Tras el aturdimiento inicial, recobro la consciencia, si, la noticia se refiere al Colegio La Enseñanza de Santander.

La noticia me desborda, …“La Compañía de María ha anunciado verbalmente a la Consejería de Educación, al equipo directivo y a los profesores del colegio ‘La Enseñanza’ el cierre del centro que se ubica en el centro de la ciudad, entre las calles La Enseñanza y Vía Cornelia. Como razones las religiosas aducen el deterioro del recinto y la falta de vocaciones, además de la imposibilidad de un traslado a la periferia del municipio. Sin embargo, en el nuevo Plan General de Urbanismo, que está en período de información pública, figura un proyecto con recalificación de los terrenos para edificación de viviendas y garajes y con la cesión del uso del edificio histórico al Ayuntamiento,”.

Acabáramos, comienzo a entender la situación, 10.000 metros cuadrados de terreno en el centro, centro de Santander representan una “dentellada” sumamente apetecible para personas que intentan “abriese camino en la vida”, o convertir los caminos en autopistas para llegar a la “cima” en el menor tiempo posible y sin las menores dificultades.

Quienes hemos frecuentado la montaña, sabemos que en la ”cima”, solo se encuentra la soledad, que el ascenso con esfuerzo es fruto de un trabajo ético y personal, que no tiene ninguna validez aprovecharnos de los demás para conseguir nuestra intención, porque aún alcanzando nuestra meta a través de caminos sembrados de engaños y mentiras, pisando al resto de escaladores, aún siendo los primeros en coronar la cumbre, la sensación no será la misma que la emoción de haber obrado en consecuencia con nuestra certidumbre de un ético proceder.

Pero la vida es así, confundimos lo espiritual con lo material y creamos necesidades donde solo existe perseverancia en las confianzas.

Que necesidad tiene una Orden Religiosa como la Compañía de María en convertir en dinero un patrimonio que, aún siendo de su propiedad, también es parte, de alguna manera, de todos los santanderinos que a lo largo de 155 años han colaborado en su mantenimiento, bien a través de las subvenciones recibidas, bien a través de los conciertos educativos, bien a través de las aportaciones de los padres que confiaron en el Proyecto Educativo de la Orden y que llenaron sus aulas con alumnos, en pleno convencimiento de que la transferencia de los valores que promulgaban, serian el complemento ideal a la educación que familiarmente pretendían transmitir a sus hijos.

La primera duda que me asalta, bajo un punto de vista empresarial es que, realmente, la Compañía de María en España necesita “liquidez”, dinero para seguir adelante con sus proyectos, sería lógico pensar que, ante una situación precaria, se buscase rentabilidad inmediata de unas propiedades susceptibles de generar un dinero fácil por su situación e idoneidad para la especulación urbanística. Pero no creo que sus necesidades económicas lleguen a esa necesidad tan urgente y perentoria, esencialmente cuando la Orden cuenta con más de veinte Colegios en España y cerca de 15.000 alumnos en el territorio nacional.

Permítanme hacer una pequeña salvedad en este momento de la exposición. Soy consciente de que los conciertos educativos firmados por los Colegios Privados-Concertados con el Ministerio de Educación y Ciencia o con las diferentes Consejerías de Educación de la red Autonómica no cubren, económicamente, las necesidades básicas de mantenimiento de la enseñanza concertada, más bien, suponen un ahorro para la administración que vería insostenible el dotar de plazas escolares, de titularidad pública, las actuales necesidades de escolarización en nuestro país.

Pero aún teniendo en cuenta esta situación, no encuentro lógico el cierre de un Colegio.

Puedo entender que la Titularidad del mismo no se encuentre en disposición, por diversas razones, de seguir con su actividad, pero, con toda seguridad, existen otras muchas formulas para “apartarse” de los supuestos “problemas” y “tender la mano” para que la actividad educativa se siga desarrollando en las mismas o similares condiciones en que ha venido haciéndose a lo largo del último siglo y medio.

Otra cuestión sería que, ante sus ojos alguien hubiera desplegado unas posibilidades nunca imaginadas y que obnubiladas por la visión, posiblemente artificiosa, de encontrar las “arcas“ llenas con el simple gesto de plasmar una firma en un papel, lanzaran por la borda el lastre que entorpeciera posibilitar la consecución de sus fines.

Ese lastre, no se puede considerar como tal, no se trata de mercadería, de productos triviales, fútiles, de peso incomodo, perturbador. Se trata de vidas humanas, de alumnos, (por cierto casi quinientos), personas que sienten y padecen, niños y niñas que no entienden de la complicada geometría del enriquecimiento a través del abandono, que conservan y acrisolan valores más humanos, acaso pueriles, pero certeros, puros, aptos y eficaces y que vacían lagrimas ante la simple idea de ver truncadas sus expectativas de futuro.

Un futuro, que el propio Proyecto Educativo de la Compañía de Maria, ayudo a forjar, a concebir, a imaginar gracias a sus enseñanzas.

No me queda más remedio que retornar al principio de mi reflexión, lo que se nos dice, casi siempre es susceptible de interpretación, por muy claro que pueda parecernos.

La Superiora General de la Compañía de Maria en el mundo, subrayaba en una carta, con motivo del inicio de la celebración del Cuarto Centenario de la Orden, hace menos de un año, el día 7 de abril de 2006 que …”Nuestro hoy de Compañía recoge una larga historia de fidelidades compartidas, nos enlaza con una cadena de mujeres y hombres que, a través de la educación, han sabido ser testigos de la humanidad de Dios. Celebrar la fidelidad siempre dinamiza y fortalece como Cuerpo, nos recuerda la importancia de saber permanecer y esperar a que aparezcan los brotes después de cada invierno.

Cuatrocientos años de historia son al mismo tiempo, para nosotras y nosotros, motivo de compromiso, una llamada a seguir construyendo juntos: A ser testigos del Dios hecho carne en nuestro mundo, a hacer posible el diálogo entre el evangelio y las distintas culturas. Nuestra sociedad plural y abierta nos desafía a dejar que resuenen las preguntas y a apostar por la búsqueda conjunta de las respuestas más adecuadas.

“Fidelidades compartidas”, “celebrar la fidelidad dinamiza y fortalece”, “saber permanecer”, “compromiso”, “una llamada a seguir construyendo juntos”, “hacer posible el dialogo”, “apostar por la búsqueda conjunta de las respuestas más adecuadas”. Estas son las palabras que anoto como idea principal del mensaje.

Verdaderamente será incuestionable este mensaje que ambicionan transmitir, o como decía al principio, habrá algún doblez en sus recomendaciones.

Será una declaración de intenciones o, simplemente una manifestación vacua, carente de verdadero contenido y realizada de cara a mantener una compostura circunstancial.

Su actuación en Santander no parece concordar con estos principios.

Coexistamos de manera seria.

El Colegio “La Enseñanza” puede y debe mantenerse en el centro geográfico de Santander, en la ubicación que actualmente ocupa.

Me mueve a hacer esta afirmación el hecho de que el centro de la ciudad está necesitada de plazas escolares; la propia Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria encuentra serias dificultades a la hora de reubicar a los alumnos de “La Enseñanza”, puesto que en la zona solo existen dos centros públicos, en la actualidad saturados, como son el Colegio Numancia y el Colegio Magallanes y uno privado-concertado como es el Colegio San José.

Derivar a los alumnos de “la Enseñanza” a otros Colegios sería el mal menor, indubitablemente quedarían cubiertas las necesidades de escolarización, pero no olvidemos que se perdería una realidad tangible, el hecho de perder una referencia en el centro de Santander, perceptible, visible, notoria, cierta y evidente como es el Colegio de La Enseñanza.

En muchas ocasiones la realidad nos supera, aunque, a veces la realidad no es tal, es simplemente un espejismo, algo que parece ser pero no es.

Los padres, madres, profesores, alumnos y personal del Colegio “La Enseñanza” se mantienen en lucha para conseguir que su Colegio, un Colegio en el que han estudiado muchas generaciones de santanderinas y santanderinos, que sigue albergando en sus aulas a gran número de hijos de antiguos alumnos y que pretende y es capaz de seguir llenando sus “pupitres” con nuevas incorporaciones, siga funcionando en el centro de Santander.

Y no pensemos que esto es imposible porque un propietario pretenda finalizar su actividad.

Tenemos ejemplos claros en otros Centros de la propia Organización, en los que la Orden ha facilitado la continuidad de la actividad educativa a través de la cesión de titularidad o la creación de fundaciones que puedan desarrollar la prolongación de la labor emprendida por la Compañía.

No se puede aceptar un NO concluyente como única comunicación.

El dialogo se establece entre un emisor y un receptor, siempre que se pueda construir la comunicación, y la aceptación de una notificación se debe traducir en entendimiento, alcance, sentido y trascendencia en el desenlace, por ello, no es de recibo escuchar un frío y sucinto aviso de cierre por parte de la titularidad.

A esto no está dispuesto el colectivo de personas que, hoy por hoy, integran la realidad existente del Colegio de “La Enseñanza”.

A través de sus acciones podemos vislumbrar su dolencia, malestar, padecimiento, disgusto y desazón ante una situación no deseada, resultada de un intento de aprovechamiento urbanístico que se me antoja intemperante.

Intentemos apostar por la coherencia ante una situación que más se parece a la arbitrariedad que al dictado de la lógica, en una sociedad necesitada de ejemplos éticos, de sensibilidad, comprensión y juicio.

Espero poder recordar esta situación como una ingrata confusión; cuando cese la lluvia y el sol vuelva a brillar sobre esta bella Ciudad, sentir que todo ha sido un mal sueño de media tarde provocado por el cansancio, el hartazgo y el enfrentamiento contra la injusticia.

Tribuna libre: Sobre el cierre del colegio La Enseñanza

El pasado viernes un antiguo compañero, Gustavo Moral, publicaba en Alerta la siguiente columna de opinión.

Hay veces en las que no entiendo muchas cosas, pero en otras tengo la sensación de entender mucho menos, nada de nada; y es que quieren cerrar el colegio de La Enseñanza. Me quedo aturdido al recibir la noticia, como imagino que estén los profesores y el personales del centro, y los alumnos que siguen acudiendo a clase, y los padres de los alumnos que se preocupan -siempre son todos- por el futuro de sus hijos, y los antiguos alumnos, y los antiguos profesores, como yo mismo, que sienten que algo se muere en el alma.

Hace años pude vivir, desde dentro, la experiencia de ser profesor en este colegio. Aprendí muchas cosas del día a día junto a los chavales, del codo con codo con los compañeros, pero sobre todo aprendí a creer en la intención común de tener un proyecto educativo, de saber que había una brújula que, a pesar de poder perderse en ocasiones, siempre nos serviría de guía. Y no hablo de religión, ni de departamentos de pastoral, ni de horarios, ni programas, sino de la intención de hacer futuro desde un trabajo en común. De sentirse apoyado y obtener los medios para buscar la utopía, de saber que el trabajo de un profesor es vital en un mundo que, muchas veces, parece que camina a la deriva. De creer en lo que hacíamos, de saber que siguen creyendo en lo que hacen los profesionales ahora abocados al despido.

Cierro los ojos y recuerdo algunas de la experiencias allí vividas a finales del siglo pasado; fueron muchas. Recuerdo las obras de teatro que se hicieron entre todos, La Venganza de Don Mendo, La Tienda de los Horrores, Agua, Azucarillos y Aguardiente… Recuerdo especialmente la emoción de un aniversario que también se recordó con teatro: los ciento cincuenta años del colegio repasados con amor, fotografías pero sobre todo con la certeza del presente y la ilusión por el futuro. Muchos lloramos aquella tarde con lágrimas de esas que nacen de un nudo en la garganta. Ahora el llanto tiene más que ver con la rabia y la impotencia. Parece ser que el maldito dinero se interpone una vez más en nuestros sueños. Vivimos en un mundo en el que un constructor tiene más que decir que un enseñante. Y así nos van las cosas. Pero no me extraña si un futbolista es más importante que un poeta y un hotel, o vaya usted a saber qué cosa, más trascendente que un colegio.

¿Se puede hacer algo? ¿La decisión está tomada? Les decía que muchas veces no entiendo nada, pero me gustaría saber si una sociedad puede permanecer con la cabeza alta cuando ocurren cosas como ésta. Espero no parecerles frívolo al escribir cuando ya no estoy implicado, pero mi vida y mis recuerdos aún se encuentran en La Enseñanza. Y siento la fuerza de todos aquellos que tienen mucho que decir al respecto. Leo cartas en los periódicos, escucho conversaciones, me informo de lo que dicen los políticos y lo que me cuentan mis antiguos compañeros. Y hay algo que tengo claro, no se puede cerrar un colegio cuando hay vida dentro de él, cuando las expectativas de futuro están abiertas, cuando ha habido tanta gente luchando y trabajando por él. No se puede cerrar un colegio no por la memoria de los que en él han aprendido sino por la promesa de los que a él quieren seguir acudiendo. No se puede cerrar un colegio porque se mata la esperanza de los que eligen un tipo de educación, una forma de entender la enseñanza, un espacio en el que se habla de ideas, y del mundo, y de la vida. No se puede cerrar un colegio por dinero, la educación no tiene precio.

Si al final, dentro de unos años, paseamos por Vía Cornelia y nos encontramos un hotel, una cafetería, una restaurante, una tienda de bicicletas o cualquier otro sustituto comercial de nuestro centro habremos perdido una batalla de las importantes. Espero que si así ocurre los fantasmas que queden dentro no dejen dormir bien a quienes los condenan. Y yo seré uno de ellos.

Carta de Patricia Bárcena a La Compañía de María

Ésta es la carta que el lunes pasado Patricia Bárcena leyó en la reunión del Salón de actos. Fue publicada ayer en El Diario Montañés. A lo largo de los próximos días pondremos otras reflexiones que nos habéis hecho llegar o se han publicado en internet.

Leo atónita en el periódico que la representante de la titularidad del centro de la Compañía de María en Santander justifica la decisión del cierre en la falta de vocaciones y las dificultades de mantenimiento del edificio histórico para su finalidad educativa. Pues bien, contamos con un grupo de profesores que dedican su vida a desarrollar el proyecto de la Compañía de María, un proyecto de educación en el que nos han implicado a los padres y del que participamos a diario. Profesores que han conseguido con absoluta y plena coherencia aunar los principios y valores del proyecto, y la vida de la comunidad a la que nos sentimos unidos. Prueba de todo ello es que en estos momentos estamos aquí dispuestos y comprometidos de forma solidaria a transformar esta situación injusta en la que queréis abandonarnos.

Se nos plantea un cierre como única solución, y se aduce que existen problemas de mantenimiento. Pero es que no se nos ha planteado la posibilidad de otra solución, ¿de verdad no la hay? Está claro que compatible con los proyectos urbanísticos conocidos públicamente la única salida es la venta del solar, ¿verdad?, con lo que supondría el abandono del proyecto de Santa Juana. Nada de lo expuesto hasta ahora por vuestra parte puede convencernos a los padres que aquí nos encontramos

En mi caso porque hace más de 30 años que empecé aquí mis estudios, y hoy en los mismos patios en los que yo jugaba crecen mis hijas, en los mismos bancos en los que yo esperaba la hora de entrar a clase he alimentado a mi hija pequeña (de 3 años) mientras su hermana ya compartía experiencias como las vividas por mí Y ahora las dos comparten esas aulas, aprenden a crecer como personas, ríen y lloran, juegan y estudian. En definitiva viven, rodeadas de profesores, compañeros, monjas. Todos somos parte de una gran familia con la que se comparte lo bueno y lo malo, porque esa es la vida del proyecto que compartimos, son los valores que aquí hemos aprendido y que queremos transmitir.

¿Faltan vocaciones? Me parece increíble oír esto de personas entregadas a los otros y al Dios de Jesucristo, ¿no? Tendríais que estar orgullosas de haber conseguido que el grupo de profesores que da vida al colegio haya sabido recoger y desarrollar el proyecto que hace 400 años inició Santa Juana, ese para el que parece que no hay vocaciones

Ahora mismo no me da la cabeza para pensar en otro colegio, en otro proyecto. Será fe, esperanza o ingenuidad, pero me resisto a creer lo que está en boca de todos, que esto sea al final una cuestión de dinero. Quiero resistirme porque si no ¿qué nos queda?, ¿en qué vamos a creer?, ¿qué ha sido de nuestro proyecto? A mí la pena no me deja dormir, ni la rabia, ni la impotencia , ¿y vuestra conciencia? ¿Os deja dormir?, no puedo creerlo, no puedo creer que os haya dejado de importar el futuro de vuestros niños, 500, de vuestros profesores, 30, vuestros empleados, y todo ello cuando el colegio vive uno de los mejores momentos en los últimos años, con más demanda que nunca, aunque queráis hacer creer ahí fuera que el colegio está en crisis, que va mal, que está deteriorado. No conseguiréis que comulguemos con ello porque somos nosotros los que realmente vivimos aquí y los que queremos seguir aquí.

Tengo entre mis manos el resumen del proyecto de educación de la Compañía de María, lo guardaba con las cosas del colegio. Entre otras cosas dice:

  • «Favorece la comunicación y el diálogo» Y resulta que ahora, en estos momentos de supuesta crisis del colegio, no sólo no se nos dan alternativas ni se nos tiene en cuenta, sino que se nos impone un cierre.
  • «Posibilita a cada uno/a dar sentido a su vida a través del encuentro consigo mismo, con los otros y con el Dios de Jesucristo» A ver si podéis decirme cómo lo hacemos si abandonáis el proyecto en el que creemos, más aún con la escasez de alternativas que existen en nuestra sociedad.
  • «Crea marcos de referencia desde los que orientar el comportamiento en responsabilidad y respeto» Bueno, a ver cómo le explico yo a mis hijas dónde queda vuestra responsabilidad. Sí, la que asumisteis dentro de este proyecto que hace 400 años inició Santa Juana, y con qué respeto van a mirar a personas o instituciones que un momento así de sus vidas las abandonan, ¿por dinero?
  • «Educar en la vida y para la vida , en el compromiso solidario para la transformación de las estructuras injustas» ¿Qué hacemos?¿Nos cruzamos de brazos? ¿Intentamos haceros cambiar de opinión?
  • «Educar en comunidad desde un proyecto común a través de: una escuela comunicativa que da cauce a las iniciativas e inquietudes de todos sus miembros donde todos se sienten implicados desde la complementariedad, la corresponsabilidad y el trabajo en equipo; la coherencia entre los principios y valores del Proyecto y la vida de la comunidad; una organización flexible que se adapte continuamente a la novedad» Y yo me pregunto ¿dónde ha quedado todo esto?, ¿qué os mueve para olvidar todos estos principios y valores?

Siento pena, y también vergüenza, sí vergüenza, de que el nombre de María que da nombre propio e identidad al proyecto salga ahora en los periódicos o en la televisión, pero no como toda la vida para celebrar o ensalzar nuestro colegio, o para invitar a la gente a nuestra casa, porque ésta es nuestra casa. No, ahora salimos a dar un triste espectáculo, unidos o relacionados a un proyecto urbanístico, a la especulación inmobiliaria ¿No os da pena?