Tribuna libre: Del mensaje y la realidad del contenido

José Luis Bolado García, nuestro querido Chelis, expresidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del colegio, nos ha hecho llegar la siguiente carta.

Un día cualquiera en el devenir cotidiano de Cantabria, tras los cristales de mi despacho, al ver caer la lluvia con insistencia, llego al convencimiento. La comunicación oral, incluso la que se plasma, “negro sobre blanco”, no deja de ser algo subjetivo, abocado a la interpretación, en ocasiones, incluso, hay que hacer verdaderos esfuerzos para conocer el fondo, el núcleo de la intención del mensaje, en definitiva para entender lo que se nos quiere hacer creer. Aún hablando el mismo idioma, ¡que difícil es entenderse!, o a al menos entender, en toda su plenitud, lo que se nos quiere transmitir.

Porque en la gran mayoría de las ocasiones, las palabras tienen dobleces, algo que no se espera de las personas, a las que casi siempre se juzga por su apariencia, por su integridad, por su comunicación desde la, presumible, veracidad de formar parte de un proyecto global en el que puedes sentirte atraído y estar de acuerdo en sus planteamientos.

Un día cualquiera en el devenir cotidiano de Cantabria, te tropiezas con la noticia de que una Congregación Religiosa, que a lo largo de 155 años ha desarrollado su labor educativa en nuestra localidad pretende, casi con alevosía y nocturnidad, dar “cerrojazo” a un Colegio en el centro de la Ciudad.

En principio intento sopesar la información, ¿habré entendido bien?, ¿seguro que han dicho, Colegio, o quizás, se refieran a una fabrica de alguna multinacional que, ante la posibilidad de producir a un coste inferior y lograr mayores beneficios, se traslada a África, a algún país del Este o a Hispanoamérica?.

Tras el aturdimiento inicial, recobro la consciencia, si, la noticia se refiere al Colegio La Enseñanza de Santander.

La noticia me desborda, …“La Compañía de María ha anunciado verbalmente a la Consejería de Educación, al equipo directivo y a los profesores del colegio ‘La Enseñanza’ el cierre del centro que se ubica en el centro de la ciudad, entre las calles La Enseñanza y Vía Cornelia. Como razones las religiosas aducen el deterioro del recinto y la falta de vocaciones, además de la imposibilidad de un traslado a la periferia del municipio. Sin embargo, en el nuevo Plan General de Urbanismo, que está en período de información pública, figura un proyecto con recalificación de los terrenos para edificación de viviendas y garajes y con la cesión del uso del edificio histórico al Ayuntamiento,”.

Acabáramos, comienzo a entender la situación, 10.000 metros cuadrados de terreno en el centro, centro de Santander representan una “dentellada” sumamente apetecible para personas que intentan “abriese camino en la vida”, o convertir los caminos en autopistas para llegar a la “cima” en el menor tiempo posible y sin las menores dificultades.

Quienes hemos frecuentado la montaña, sabemos que en la ”cima”, solo se encuentra la soledad, que el ascenso con esfuerzo es fruto de un trabajo ético y personal, que no tiene ninguna validez aprovecharnos de los demás para conseguir nuestra intención, porque aún alcanzando nuestra meta a través de caminos sembrados de engaños y mentiras, pisando al resto de escaladores, aún siendo los primeros en coronar la cumbre, la sensación no será la misma que la emoción de haber obrado en consecuencia con nuestra certidumbre de un ético proceder.

Pero la vida es así, confundimos lo espiritual con lo material y creamos necesidades donde solo existe perseverancia en las confianzas.

Que necesidad tiene una Orden Religiosa como la Compañía de María en convertir en dinero un patrimonio que, aún siendo de su propiedad, también es parte, de alguna manera, de todos los santanderinos que a lo largo de 155 años han colaborado en su mantenimiento, bien a través de las subvenciones recibidas, bien a través de los conciertos educativos, bien a través de las aportaciones de los padres que confiaron en el Proyecto Educativo de la Orden y que llenaron sus aulas con alumnos, en pleno convencimiento de que la transferencia de los valores que promulgaban, serian el complemento ideal a la educación que familiarmente pretendían transmitir a sus hijos.

La primera duda que me asalta, bajo un punto de vista empresarial es que, realmente, la Compañía de María en España necesita “liquidez”, dinero para seguir adelante con sus proyectos, sería lógico pensar que, ante una situación precaria, se buscase rentabilidad inmediata de unas propiedades susceptibles de generar un dinero fácil por su situación e idoneidad para la especulación urbanística. Pero no creo que sus necesidades económicas lleguen a esa necesidad tan urgente y perentoria, esencialmente cuando la Orden cuenta con más de veinte Colegios en España y cerca de 15.000 alumnos en el territorio nacional.

Permítanme hacer una pequeña salvedad en este momento de la exposición. Soy consciente de que los conciertos educativos firmados por los Colegios Privados-Concertados con el Ministerio de Educación y Ciencia o con las diferentes Consejerías de Educación de la red Autonómica no cubren, económicamente, las necesidades básicas de mantenimiento de la enseñanza concertada, más bien, suponen un ahorro para la administración que vería insostenible el dotar de plazas escolares, de titularidad pública, las actuales necesidades de escolarización en nuestro país.

Pero aún teniendo en cuenta esta situación, no encuentro lógico el cierre de un Colegio.

Puedo entender que la Titularidad del mismo no se encuentre en disposición, por diversas razones, de seguir con su actividad, pero, con toda seguridad, existen otras muchas formulas para “apartarse” de los supuestos “problemas” y “tender la mano” para que la actividad educativa se siga desarrollando en las mismas o similares condiciones en que ha venido haciéndose a lo largo del último siglo y medio.

Otra cuestión sería que, ante sus ojos alguien hubiera desplegado unas posibilidades nunca imaginadas y que obnubiladas por la visión, posiblemente artificiosa, de encontrar las “arcas“ llenas con el simple gesto de plasmar una firma en un papel, lanzaran por la borda el lastre que entorpeciera posibilitar la consecución de sus fines.

Ese lastre, no se puede considerar como tal, no se trata de mercadería, de productos triviales, fútiles, de peso incomodo, perturbador. Se trata de vidas humanas, de alumnos, (por cierto casi quinientos), personas que sienten y padecen, niños y niñas que no entienden de la complicada geometría del enriquecimiento a través del abandono, que conservan y acrisolan valores más humanos, acaso pueriles, pero certeros, puros, aptos y eficaces y que vacían lagrimas ante la simple idea de ver truncadas sus expectativas de futuro.

Un futuro, que el propio Proyecto Educativo de la Compañía de Maria, ayudo a forjar, a concebir, a imaginar gracias a sus enseñanzas.

No me queda más remedio que retornar al principio de mi reflexión, lo que se nos dice, casi siempre es susceptible de interpretación, por muy claro que pueda parecernos.

La Superiora General de la Compañía de Maria en el mundo, subrayaba en una carta, con motivo del inicio de la celebración del Cuarto Centenario de la Orden, hace menos de un año, el día 7 de abril de 2006 que …”Nuestro hoy de Compañía recoge una larga historia de fidelidades compartidas, nos enlaza con una cadena de mujeres y hombres que, a través de la educación, han sabido ser testigos de la humanidad de Dios. Celebrar la fidelidad siempre dinamiza y fortalece como Cuerpo, nos recuerda la importancia de saber permanecer y esperar a que aparezcan los brotes después de cada invierno.

Cuatrocientos años de historia son al mismo tiempo, para nosotras y nosotros, motivo de compromiso, una llamada a seguir construyendo juntos: A ser testigos del Dios hecho carne en nuestro mundo, a hacer posible el diálogo entre el evangelio y las distintas culturas. Nuestra sociedad plural y abierta nos desafía a dejar que resuenen las preguntas y a apostar por la búsqueda conjunta de las respuestas más adecuadas.

“Fidelidades compartidas”, “celebrar la fidelidad dinamiza y fortalece”, “saber permanecer”, “compromiso”, “una llamada a seguir construyendo juntos”, “hacer posible el dialogo”, “apostar por la búsqueda conjunta de las respuestas más adecuadas”. Estas son las palabras que anoto como idea principal del mensaje.

Verdaderamente será incuestionable este mensaje que ambicionan transmitir, o como decía al principio, habrá algún doblez en sus recomendaciones.

Será una declaración de intenciones o, simplemente una manifestación vacua, carente de verdadero contenido y realizada de cara a mantener una compostura circunstancial.

Su actuación en Santander no parece concordar con estos principios.

Coexistamos de manera seria.

El Colegio “La Enseñanza” puede y debe mantenerse en el centro geográfico de Santander, en la ubicación que actualmente ocupa.

Me mueve a hacer esta afirmación el hecho de que el centro de la ciudad está necesitada de plazas escolares; la propia Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria encuentra serias dificultades a la hora de reubicar a los alumnos de “La Enseñanza”, puesto que en la zona solo existen dos centros públicos, en la actualidad saturados, como son el Colegio Numancia y el Colegio Magallanes y uno privado-concertado como es el Colegio San José.

Derivar a los alumnos de “la Enseñanza” a otros Colegios sería el mal menor, indubitablemente quedarían cubiertas las necesidades de escolarización, pero no olvidemos que se perdería una realidad tangible, el hecho de perder una referencia en el centro de Santander, perceptible, visible, notoria, cierta y evidente como es el Colegio de La Enseñanza.

En muchas ocasiones la realidad nos supera, aunque, a veces la realidad no es tal, es simplemente un espejismo, algo que parece ser pero no es.

Los padres, madres, profesores, alumnos y personal del Colegio “La Enseñanza” se mantienen en lucha para conseguir que su Colegio, un Colegio en el que han estudiado muchas generaciones de santanderinas y santanderinos, que sigue albergando en sus aulas a gran número de hijos de antiguos alumnos y que pretende y es capaz de seguir llenando sus “pupitres” con nuevas incorporaciones, siga funcionando en el centro de Santander.

Y no pensemos que esto es imposible porque un propietario pretenda finalizar su actividad.

Tenemos ejemplos claros en otros Centros de la propia Organización, en los que la Orden ha facilitado la continuidad de la actividad educativa a través de la cesión de titularidad o la creación de fundaciones que puedan desarrollar la prolongación de la labor emprendida por la Compañía.

No se puede aceptar un NO concluyente como única comunicación.

El dialogo se establece entre un emisor y un receptor, siempre que se pueda construir la comunicación, y la aceptación de una notificación se debe traducir en entendimiento, alcance, sentido y trascendencia en el desenlace, por ello, no es de recibo escuchar un frío y sucinto aviso de cierre por parte de la titularidad.

A esto no está dispuesto el colectivo de personas que, hoy por hoy, integran la realidad existente del Colegio de “La Enseñanza”.

A través de sus acciones podemos vislumbrar su dolencia, malestar, padecimiento, disgusto y desazón ante una situación no deseada, resultada de un intento de aprovechamiento urbanístico que se me antoja intemperante.

Intentemos apostar por la coherencia ante una situación que más se parece a la arbitrariedad que al dictado de la lógica, en una sociedad necesitada de ejemplos éticos, de sensibilidad, comprensión y juicio.

Espero poder recordar esta situación como una ingrata confusión; cuando cese la lluvia y el sol vuelva a brillar sobre esta bella Ciudad, sentir que todo ha sido un mal sueño de media tarde provocado por el cansancio, el hartazgo y el enfrentamiento contra la injusticia.

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