Construiremos un proyecto educativo con futuro

Nos hemos puesto manos a la obra y ahora nada nos puede parar. Nos sentimos capaces y con fuerzas para alcanzar los objetivos más elevados, para trabajar con tesón y sin desfallecimientos en la construcción de un renovado proyecto educativo para «La Enseñanza», que garantice un nuevo y fecundo periodo formando jóvenes en la ciudad de Santander.

La Historia nos ha situado en un momento difícil, en una encrucijada de caminos, y hemos apostado por el camino más difícil: el del esfuerzo, el del trabajo, el del tesón, el de seguir haciendo historia y no diluirnos en los brazos de la sociedad de “la desidia”, del “todo vale”, del “qué más da”. Podríamos decir que vivimos momentos críticos, en una sociedad en la que los valores se destruyen con la misma facilidad que navegamos por internet. Solamente actitudes responsables y comprometidas pueden echar un pulso a esa “sin razón” que parece atraparlo todo.

Y en medio de la vorágine de los tiempos que nos ha tocado vivir, se nos plantea, como un difícil pulso, la decisión de poner fin al proyecto educativo en el que veníamos confiando desde hace muchos años como el referente a tanta ausencia de criterio. Estamos en un momento crítico en el que más que nunca resulta necesario afianzar esas raíces de humanismo cristiano que ha mantenido el firme compromiso de enseñar a nuestros hijos educando, formando.

Pues bien, no nos conformamos con el anuncio de cierre. Asumimos este zarpazo, como un sufrimiento necesario para la maduración de nuestro proyecto educativo, para lanzarnos hacia un salto cualitativo en el que la sociedad laica no se limite a elegir un modelo de enseñanza, sino que asuma el compromiso de compartir las dificultades y la responsabilidad de tripular los barcos que transportan a nuestros hijos en el difícil mar de la educación.

Y como no nos conformamos, hemos tendido puentes de dialogo y hemos trazado planes de futuro. Y además, hoy nos proponemos dispensar la RECETA para un nuevo proyecto de “La Enseñanza”:

  • Hacer una sólida y consistente masa que nos servirá de base. Para ello debemos mezclar en iguales proporciones 400 años de historia y tradición y 155 años de experiencia. Amasar hasta que ambos ingredientes estén perfectamente ligados y extender.
  • Sobre esta base extenderemos una buena capa de humanismo cristiano (cuanto más gorda, más jugoso resultará nuestro plato). Sazonar con buenas dosis de criterio y sentido común, de modo que evitemos el amargor de las dificultades y los sufrimientos.
  • En recipiente aparte, introducimos 155 ml. de proyecto educativo, entre 35 y 40 unidades de profesorado con experiencia, media docena de profesionales de administración y 900 gramos de paternidad comprometida. Batir con energía en una misma dirección y cuando esté casi a punto de nieve añadimos una dosis de la afamada fórmula de la Compañía de María.
  • Verter sobre la base que habíamos preparado anteriormente y meter a hornear a temperatura media durante un tiempo prudencial, despacio pero sin pausa. Durante el tiempo de horneado, rociar continuamente con buenas dosis de ILUSION.

El resultado será sin duda un magnífico proyecto educativo que alimentará a miles de familias durante otros 150 años más.

Queremos insistir en este último de los ingredientes, la ILUSIÓN. La ilusión constituye un contorno esencial para nuestro futuro. Tener ilusión nos lleva a programar objetivos, a soñar con dar lo mejor de nosotros mismos para llegar a la cima que nos planteamos, a crecernos ante las dificultades y superar con esfuerzo los escollos que encontramos en nuestro camino hasta el destino elegido. Tener ilusión es fijarse como punto de llegada la meta más ambiciosa para nuestras vidas. Tener ilusión es estar vivo y ser un poco más humano en una sociedad deshumanizada. En los tiempos que nos ha tocado vivir es imprescindible tejer una madeja de ilusiones que nos permita vislumbrar un horizonte con más humanidad. Y es preciso tener paciencia y perseverancia. Y, sobre todo, no abandonar. Tomemos entre todos la receta y hagamos nuestro menú a fuego lento: esa es nuestra propuesta. Porque todo va demasiado deprisa, pongamos un poco de serenidad en nuestras vidas y demos una oportunidad a la ilusión de un futuro. Nuestra propuesta está bien clara: trabajar sin prisa, con el alma, dando lo mejor que cada uno de nosotros poseemos, gozando con la tarea y disfrutando del trabajo bien hecho. De esta manera seremos los conductores de nuestra trayectoria a pesar de los mil avatares y dificultades que van erosionando nuestro camino.

Estamos convencidos de una cosa: a partir de hoy ENTRE TODOS CONSTRUIREMOS UN PROYECTO EDUCATIVO CON FUTURO: «LA ENSEÑANZA».

Fuente: Colegio en lucha

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